De inminente expulsión a héroe condecorado como brigadier general de “Santa Isabel” – 1959

Amenazas de expulsión

Nunca tuvimos una explicación, por qué mi hermano Orlando obtuvo el apelativo de “Mono” Santillán. Lo cierto es que dentro de la familia hasta hoy, se ha hecho de costumbre llamarle mayormente por dicho apelativo. El “mono”, destacó por su particular forma de ser, pensar y hacer. Siempre extrovertido, entrador, aventurero, ocurrente, sanamente palomilla y travieso. Nunca aguantó pulgas, como se suele decir. Se caracterizaba también por ser un buen “gallo” de pelea frente a cualquier prepotente o abusivo. En la Gran Unidad Escolar “Santa Isabel” de Huancayo, donde estudió la secundaria, siempre destacó con liderazgo dentro del respeto a los demás.

          Generalmente, la mayoría de los instructores de educación premilitar eran abusivos, prepotentes y altaneros. En ocasión de prácticas de la asignatura de instrucción premilitar -IPM-, el “Mono”, tuvo un altercado con el teniente instructor por el abuso de autoridad que infringía. Conocedor de su rebeldía, en son de amedrentamiento, el instructor le ordenó prepotentemente que hiciera 50 planchas sin ninguna motivación, esto es, por el prurito de hacerle quedar en ridículo frente a sus compañeros. El “Mono”, no aceptó la orden y exigió una explicación razonable. Obviamente, no hubo ninguna. Ante esta negativa del “Mono”, pretendió obligarle pasar porcallejón oscuro”: recibir puntapiés, puñetes, azotazos, entre otros, que se estila hacer en los cuarteles, prácticas que también se replicaban en los colegios.

          El “Mono” nunca soportó este tipo de maltratos, negándose pasar por el “callejón oscuro. Dentro de su exacerbación, el instructor tomó el bastón de mando que suelen poseer para amedrentar y, se aprestaba a golpearlo. Obviamente, el “Mono” no se dejó y lo retó en una acción de golpes de hombre a hombre en un día y hora pactado en otro sitio y, sin uniforme militar, por obvias razones. Era de esperar;  su silencio lo delataba, sabía que saldría perdiendo. No le quedó otra, que amenazarlo con pedir su expulsión del colegio por desobediencia y no respetar a la autoridad militar. Luego del hecho, el “Mono” se sintió muy mal, resignado a esperar la expulsión. Similar situación a este caso se había dado con algún profesor autoritario que había presentado su queja ante la dirección de estudios académicos. De manera que, con ambos casos, su expulsión era prácticamente inminente.

Fútbol clásico entre “Santa Isabel” y el Politécnico de Huancayo: circunstancial salvación de inminente expulsión del colegio al “Mono” Santillán  

          A los pocos días de este desliz con el instructor premilitar (1959), el colegio tenía programado un gran encuentro deportivo de fútbol con el colegio estatal Politécnico de Huancayo (“Poli”), colegio con el que tenían, hasta entonces, gran rivalidad deportiva. Era el clásico del fútbol escolar de la región, algo así, como el clásico “U” – Alianza Lima. Estos encuentros se llevaban a cabo en el estadio de esa época “Edilberto Chávez”, hoy el gran estadio “IV Centenario de Huancayo”, donde se lleva a cabo el actual descentralizado profesional del fútbol nacional.

          El partido terminó cero a cero. La competencia de las bandas y la desbordante algarabía de barras deportivas expresaban competencias paralelas y complementarias al juego mismo. Frente al  desequilibrio de las barras que la GUESI llevaba de lejos, los del “Poli”, optaron por presentar un “gallo” de tapada, retando a una pelea libre con otro de Santa Isabel. La muchedumbre del Politécnico lo pedía a gritos e insistentemente. Los isabelinos no esperaban ese reto. Obviamente, el colegio lorentino, no podía haber quedado mal. Saltó el “gallo” isabelino sin camisa ni bivirí.  Éste, fue el “Mono Santillán”, candidato a  ser expulsado del colegio. Los isabelinos reventaron  el silencio que hubo por segundos, entre una barra gigantesca y aplausos de la inmensa masa isabelina, por cierto, numéricamente superior a la del Politécnico. La enérgica barra isabelina retumbó el ambiente alentando a su “gallo” y generando mayor expectación y emoción.

          La pelea, como se suele decir, ¡“fue a muerte”!; duró algo de 8 minutos ininterrumpidos. Se les notaba agotamiento por el esfuerzo desplegado a todo dar. Cada vez que arremetía el representante del Politécnico, aplicándole al “Mono”, muchas veces con golpes de puño y puntapiés contundentes, me daba coraje, quería entrar a darle una ayudadita; pero el “Mono”, replicaba con más contundencia bajo la animación de la muchedumbre y de algunas interjecciones que le daban más coraje.

          Al final, el “Mono” seguía más parado que el contendor del Politécnico, arremetiéndole más golpes de chalaca y puntapiés. Ambas barras en competencia percibían que ya era suficiente. Los del Politécnico, notaron que el “Mono” Santillán le llevaba notoria ventaja y, se dio de pronto, como por inercia, una acción de “consenso” de suspender la pelea, por lo que fueron separados al mismo tiempo. Terminada la pelea, la gran masa isabelina, a través de los más fortachones lo levantaron en hombros a su héroe deportivo, entre arengas y hurras, iniciándose el recorrido hacia el colegio lorentino. Los del “Poli”, asumieron similar acción, pero sólo en el lugar de la pelea.   

Caravana de retorno isabelino cargando a su héroe al patio  de honor lorentino.

          La masa isabelina de unos dos mil alumnos que habían asistido al encuentro de fútbol, entre hurras, barras isabelinas, cánticos del himno y huayno isabelinos, desde el momento que lo levantaron en hombros en el lugar de la pelea se dirigieron al local del colegio, saliendo del estadio por la calle Tarapacá hacia la calle central de Huancayo, la histórica calle Real (camino real de los inkas) a lo largo de 11 cuadras hacia el norte, hasta llegar a la calle Ayacucho que conduce al local central del colegio, cruzando el ferrocarril central por la avenida Centenario, pasando por la Iglesia Pichcus y el parque Túpac Amaru, hasta llegar al colegio para la concentración final en el patio de honor de Santa Isabel.

          Todo este recorrido hace un aproximado de 30 cuadras. La masa isabelina cargado del héroe de la tarde deportiva, no lo bajaron en ningún instante en todo el recorrido, hasta llegar al patio de honor del colegio bajo el acompañamiento de la banda escolar del colegio y la algarabía de la enorme masa estudiantil que no cesaba de arengar en ningún momento. El patio de honor isabelino se convirtió en una gran fiesta espontánea, siempre con la animación de la banda del colegio, sin perder el centro de referencia y presencia de su héroe deportivo que representó a la totalidad de los estudiantes y a la Gran Unidad Escolar “Santa Isabel” como institución. Entre hurras, aplausos y algarabía general terminó la fiesta deportiva como muestra de haber hecho prevalecer la gallardía deportiva y, en este caso, el honor institucional.

De inminente expulsado a condecorado con honores como brigadier general de estudiantes de Santa Isabel

          Al día siguiente del acontecimiento futbolístico, el director general de laGUESI, profesor Dr. Héctor Zegarra Araujo, se dirigió al estudiantado, personal docente y administrativo en acto especial de concentración general de estilo en el patio de honor, motivado por las noticias publicadas en los diarios locales y emisoras radiales de la ciudad sobre lo acontecido.

En resumen, comenzó expresando con palabras de reconocimiento especial por el comportamiento de la barra isabelina, habiéndolo hecho no sólo con coraje, garra y pundonor deportivo sino, demostrando también extraordinario acto cívico y comportamiento alturado, sin haber causado desmanes y actos de vandalismo. Esto es, y debe ser siempre el comportamiento y actitud del isabelino de corazón, añadió.

Señalamiento de la condecoración: La acción realizada por el alumno Orlando Santillán, es la expresión de sentir el amor a la camiseta isabelina en defesa de la imagen institucional de nuestro glorioso colegio “Santa Isabel”. En sustento a este acto de honor, la Dirección a mi cargo, funcionarios y docentes en general, consideramos pertinente expresar nuestro reconocimiento en nombre de la institución, otorgándole la condecoración y el mando de Brigadier General de estudiantes de nuestro glorioso colegio centenario, la G.U.E.S.I. de Huancayo”.

          Entre retumbantes hurras y aplausos de los miles de estudiantes formados en el patio de honor, el director terminó su intervención, no sin antes felicitarlo personalmente con un apretón de manos y fuerte abrazo en representación institucional y del suyo propio. Con este reconocimiento y condecoración, la situación de expulsión del “Mono Santillán”, automáticamente quedó en el olvido, ni siquiera se hizo referencia. (*) El “mono Santillán”, este año cumplió 88 años, arquitecto de profesión, creador y escritor por afición. Ha escrito “Cuentos picarescos” en quechua chanca y un “Vocabulario-Diccionario comentado del Quechua Chanca” en quechua y español.

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